humo incendio forestal

¿Qué ocurre en nuestros pulmones cuando respiramos humo de un incendio?

Septiembre suele llegar con sensación de cierre de ciclo: terminan las vacaciones, regresan las rutinas y el calor da una tregua poco a poco. Sin embargo, el final del verano no siempre supone el fin del riesgo de incendios forestales. Tras meses de altas temperaturas, la vegetación seca sigue siendo vulnerable en estas semanas, y el humo puede viajar muchos kilómetros, de modo que también lo notan quienes viven lejos del fuego. Por eso conviene saber qué le hace ese humo a nuestro sistema respiratorio. 

Una mezcla compleja, no solo «humo» 

El humo de un incendio forestal es una mezcla de gases y partículas. Entre sus componentes más relevantes para la salud figuran las partículas finas (PM2.5, de menos de 2,5 micras), el monóxido de carbono, los compuestos orgánicos volátiles y otros gases irritantes. Su composición varía según lo que arda, pero el resultado es siempre un aire que nuestros pulmones no están preparados para procesar. 

Al inhalar, las vías respiratorias altas actúan como primera barrera. La nariz, la garganta y los bronquios se irritan, lo que explica la tos, el picor de garganta, el aumento de mucosidad y el lagrimeo tan habituales en estas situaciones. 

Las partículas más pequeñas, sin embargo, pueden sortear esas defensas y llegar a los alvéolos, donde se produce el intercambio de oxígeno. Allí desencadenan una respuesta inflamatoria: el organismo trata de eliminar esos cuerpos extraños, y esa reacción puede estrechar los bronquios y hacer que respirar cueste más. 

El monóxido de carbono, por su parte, pasa a la sangre y se une a la hemoglobina con más afinidad que el oxígeno, lo que reduce el que llega a los tejidos. Por eso, junto a los síntomas respiratorios, pueden aparecer dolor de cabeza o mareo. 

Quién debe extremar la precaución 

Cualquier persona puede notar molestias, pero hay colectivos especialmente vulnerables: niños, personas mayores, embarazadas y pacientes con asma, EPOC u otras enfermedades respiratorias o cardiovasculares. En ellos, la exposición al humo puede agravar la enfermedad de base y provocar una crisis. 

Cómo protegerse 

  • Permanecer en casa, con puertas y ventanas cerradas, mientras haya humo en el ambiente. 
  • Evitar el ejercicio físico al aire libre. 
  • Si es imprescindible salir, usar una mascarilla FFP2 bien ajustada: protege más que las quirúrgicas o de tela, que no filtran bien las partículas finas. 
  • Tener a mano la medicación y seguir el tratamiento pautado, en caso de padecer una enfermedad respiratoria. 
  • Atender las indicaciones de las autoridades sanitarias y de protección civil. 

Cuándo acudir al especialista 

Es normal notar irritación mientras se está expuesto al humo, pero si la tos, las molestias en el pecho o la sensación de falta de aire persisten durante días, conviene consultar. Si aparecen dolor torácico o una dificultad intensa para respirar, hay que buscar atención médica urgente. 

Acudir a un neumólogo privado permite una valoración detallada, con pruebas como la espirometría, y un plan adaptado a cada paciente. Por ejemplo, tras los incendios que afectaron a Madrid y, especialmente, a la Sierra Oeste durante el mes de julio, algunas personas pueden haber estado expuestas al humo y a una peor calidad del aire. Por ello, para quienes buscan un neumólogo en Madrid, septiembre puede ser un buen momento para revisar la salud pulmonar y detectar posibles molestias respiratorias antes de la llegada de los catarros y la gripe del otoño. 

Y es que, respirar es algo que damos por hecho hasta que deja de ser fácil. Con la vuelta a la rutina, dedicar unos minutos a cuidar los pulmones es una inversión en bienestar para el resto del año. 

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